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La aplicación de las tarifas dinámicas en los greenfees diarios de los campos de golf

Ya estamos habituados a que la tarifa de un billete de avión fluctúe en función de diversos parámetros como son la antelación en la compra, el horario, el asiento y hasta el servicio. En compañías lowcost parece que nos van a cobrar hasta por el saludo. Por todos los servicios se cobra individual e independientemente. No obstante, son alternativas, y eso es lo positivo, y al final el cliente elige comprar esto o aquello.

Lo mismo ocurre con los hoteles o con los espectáculos deportivos y musicales, en los que en función de la ubicación de mi localidad pagaré más o menos. Y parece que los próximos en aplicarlo serán los cines y hasta algunos restaurantes.

En función de la demanda y de los costes, es razonable que el precio varíe.

En pocos sectores resultan tan aplicables y justificadas las tarifas dinámicas como en el golf. Nuestro deporte presenta una serie de particularidades que lo hacen diferente al resto, como es, principalmente, su estacionalidad, tanto anual, como semanal, como diaria.

¿Cuáles son las “horas punta” de los campos de golf? Para responder a esa pregunta  tenemos que empezar por definir el tipo de campo, puesto que no se comportan igual los campos de la costa, dirigidos al cliente extranjero, que los interiores, orientados al cliente doméstico. La primera variable a analizar es la estación. Las temporadas altas de los primeros son los meses de octubre y abril, y son más acusadas que en el caso de los segundos, más lineales durante el año, con excepción del terrible agosto. En invierno se reduce algo la actividad, en especial los días de mal tiempo, y también debido al menor número de horas de sol. Podría y debería considerarse esta variable, la meteorológica, de modo que jugar con lluvia debería ser más económico que hacerlo con sol y buena temperatura, pero su complejidad, previsión meteorológica y dónde determinar qué se considera lluvia o no, lo hacen poco operativo.

En los campos de la costa, los turísticos, la diferencia entre el día de semana, segunda variable, no es tan marcada como en los campos de socios o clientes nacionales, en los que, obviamente, las mañanas de los sábados y los domingos son, con mucha diferencia, las horas punta. Tanto es así que pueden suponer el 40% de la facturación semanal. Y la tendencia es creciente. Es muy probable que en el futuro, salir a las 9 de la mañana un fin de semana pueda ser considerado un producto de lujo. Llegará el momento en el que, por tener acceso a un puñado de estas salidas al año, estará justificado pertenecer a un club comprando una acción o un abono.

En casi todos estos campos y durante buena parte del año, podría “venderse” varias veces cada mañana de fin de semana, habría demanda para ello. Por el contrario, las tardes del fin de semana son el periodo más valle, superando incluso a los lunes. Entre los días laborables hay pequeñas diferencias (son más demandados los jueves y viernes) pero sobre todo influye la franja horaria, la tercera variable. La hora más demandada siempre, en todos los casos, es la primera de la mañana, y se reduce proporcionalmente con el avance del día, con un pequeño repunte a media tarde. En muchos campos se comercializa, incluso, un greenfee llamado “twilight”, muy conocido fuera de España y en la costa, que consiste en salir en las últimas horas de sol en una contra reloj con el astro por poder jugar el mayor número de hoyos posible. Tiene mucho sentido. Pensemos que si se tardan cuatro horas, mínimo, en hacer 18 hoyos, ese es el tiempo de antelación con el que se cierra el Tee 1 de un campo, dejando de producir, hablando en términos industriales. Si pueden darse salidas para poder jugar 13, 14 o 15 hoyos, por ejemplo, pagando un greenfee bonificado ¿por qué no hacerlo? Aplica igual para 9 hoyos o menos. No implica problemas operativos por cuanto la luz regula la finalización de la partida y la retirada de los jugadores, y además se ofrece una hora más compatible con una jornada laboral.

Aplicación a un club como Retamares

Según lo expuesto anteriormente, jugar en Retamares temprano por la mañana de los fines de semana en primavera u otoño, debe considerarse el período “punta”, y por lo tanto, determinar su tarifa más elevada. En cambio, jugar en agosto al medio día, o en invierno un lunes de lluvia, se corresponderían con el otro extremo de la banda de precios. Entre medias, un sinfín de posibilidades y de tarifas. Y, por supuesto, siempre facilitando la compra online.

En ese sentido podrás encontrar en retamaresgolf.com greenfees “twilight” a partir de 35 €, o su extremo opuesto, más de 80 € en las mañanas de los fines de semana. Entre medias, distintas tarifas. Que sea el cliente el que elija.

En Retamares, además, este producto convive con sus casi 600 socios y con los abonados, y por eso se pone a la venta “externa” un partido cada hora, dejando a disponibilidad de los primeros los otros 5 partidos.

Una última reflexión al respecto. Todos los campos de golf presentan franjas, que se corresponden con esos “valle” descritos anteriormente, en los que el Tee 1 está vacío. ¿No sería preferible ofrecer greenfees muy económicos en esas horas antes de que queden vacíos? Llevado al ridículo, ¿no sería mejor cobrar 1€/greenfee y tener llenas esas horas antes que tenerlas a cero? La respuesta rotundamente es NO. El precio suelo tiene un límite a partir del cual condiciona una oferta que canibaliza la tarifa óptima. Por eso tampoco los hoteles ofrecen por 1€, si se me permite seguir en el mismo ejemplo absurdo, las habitaciones no vendidas en el día, ni los restaurantes reducen el menú un 90% a partir de las 4 de la tarde y prefieren tirar a la basura el género excedente.

 

 

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